El último cruzado del cine de familias

RAMÓN PALITO ORTEGA Y SU FILM ¡QUÉ LINDA ES MI FAMILIA!, DE 1980

El último cruzado del cine de familias

Por Fernando Perales

Hipótesis

Un hijo rebelde, pero no tanto, (Ramón “Palito” Ortega) que decide desoír el mandato de su padre (Luis Sandrini) y perseguir sus sueños de fama y popularidad. Un padre de familia severo que aprende a ser comprensivo con la elección de su hijo. Una madre puro cariño (Niní Marshall) que le ayuda a su marido a superar las diferencias generacionales que lo separan de su hijo. En definitiva, una familia argentina como pocas, en las que el hijo alcanza finalmente la fama y celebra con sus padres -a pesar de ser adoptado- la felicidad de tener una familia bien constituida en tiempos de crisis moral.

Así podríamos resumir ¡Qué linda es mi familia! (1980), la última película de “Palito” Ortega como director. Es también la postrera actuación de Luis Sandrini, quien muy enfermo (en ninguna de las tomas en la que fue incluido realiza desplazamientos) moriría apenas terminada la filmación.

A pesar del tono de comedia dramática rosa, en la que todo tiene el barniz reluciente de personajes bienintencionados, puros y leales, éste no es un film inocente y transparente, como tampoco lo son otros de “Palito” Ortega.

Lejos de pertenecer a la generalidad de los filmes pasatistas, aunque pase disimulado entre ellos, esta película de “Palito” es una obra arteramente “comprometida”, no en el sentido usual del film de compromiso social, ligado a la crítica política, sino que manifiesta un estrecho lazo ideológico con los sectores más tradicionalistas y conservadores, actuando con el objetivo de restaurar los valores sociales y familiares más arraigados de las clases medias urbanas, en un tiempo que “Palito” identifica con el derrumbe moral de la sociedad argentina.

Travestismo, camuflaje y disimulo

La historia, casi nula, sin grandes sucesos que alteren el rumbo monótono del relato, se reduce a representar los hechos típicos de una familia tipo: las cosas cotidianas, las discusiones matrimoniales, el desayuno, los achaques de la edad, el embarazo y el nacimiento de un nieto y otras francamente bizarras como por ejemplo, la construcción de un robot por parte del personaje del jubilado que encarna Sandrini.
La línea argumental más firme y clara es llevada adelante por el propio “Palito”, cuyo personaje es un cantante y actor que sueña con llegar al éxito y al reconocimiento masivo. Éxito que finalmente consigue, como le sucedió al propio Ortega en su vida real.
La persecución del registro de lo cotidiano que a todos nos incluye, colma exageradamente la película. “Palito” no hace más que poner en escena todas las situaciones y expresiones usuales y reconocibles para el público, que puede sentir la identificación plena con lo que ve en la pantalla como si fuera su propia vida la que esta viendo, un verdadero trozo de vida.
Pero a pesar de lo diáfano y leve de la historia, los hechos tal como son presentados poseen una rigurosa línea conceptual.
Esta ansiedad mimética, sin embargo, encubre un gesto falso e ideológico, que hace pasar por simple reflejo, una representación plenamente cosificada y llena de lugares comunes basada en un conjunto de estereotipos. Esa falsa representación nos trae una imagen idílica basada en la tradición del cine de familias, género clásico del cine argentino de los años cuarenta y cincuenta.

Uno de los perfiles más sugestivos que posee el film es la operación de simulación, por la cual una obra comercial y pasatista, que creeríamos que no tiene ningún compromiso con la sociedad, según la tácita y ya clásica oposición entre arte comprometido y arte comercial, se nutre de su condición de imprevista inocencia para producir un film altamente politizado y polémico.

Por esa razón, podríamos resumir con tres términos el funcionamiento conceptual del film: travestismo, camuflaje y disimulo.

De hecho, son tres actos solidarios y relacionados mutuamente. El travestismo estético, le permite camuflarse sutilmente entre filmes que no son de su mismo género: no es un film tonto e intrascendente como a primera vista parece, sino que es un film político, que aprovecha justamente su engañosa apariencia exterior para vehiculizar contenidos que nada tienen que ver con los simplemente divertidos y olvidables.

Señalemos algunas de las instancias de esa velada conversión: al igual que los otros filmes de Ortega, éste se caracteriza por su insustancialidad temática y su pobreza narrativa, propia además, de los peores filmes comerciales argentinos, miserabilidad que se contrapone a la claridad del certero planteo conceptual del film.

Otro rasgo de abrumadora e hiriente evidencia es la falta de preocupaciones estéticas mínimas respecto del uso del lenguaje fílmico. Inversamente proporcional a esta falta de escrúpulos artísticos, es la potencia de la marcación estereotipada del carácter moral de los personajes, que es el modo en que se despliegan los conceptos éticos y sociales, que sostienen el plan de restauración moral que propone Ortega como salida a la coyuntura de crisis que vivió nuestra sociedad a fines de los setenta.

El cine en tiempos de crisis espiritual

“Palito” se vuelve un cruzado que sale a darles lucha a los infieles que quieren destruir los sagrados pilares de la argentinidad, tales como tradición, familia y propiedad. Y lo hace porque entiende que atravesamos un tiempo de crisis moral, de sangrienta turbulencia política y que dentro de este contexto, sobre todo los hombres y mujeres jóvenes (de allí el tono de lección de catequesis que tienen estos filmes), se ven acosados por falsos mensajes que tratan de seducir sus espíritus volubles. Los infieles que acechan el corazón de la Nación son los que han tomado las armas y han bañado de sangre y terror el rostro de la Argentina.
Y en este contexto, el artista y el intelectual deben estar atentos para reaccionar a tiempo y guiar el corazón de los hombres buenos, para no dejarlos caer en la tentación que les venden los infieles e impíos de la sociedad, respondiendo con una actitud firme y responsable, haciendo evidente su compromiso con la sociedad dentro de la cual realiza su obra.
Existe una paradoja ya que, si bien “Palito” es un predicador de verdades con un corazón solidario y pleno de un sentimiento generoso, podríamos dudar, a pesar de su fuerza persuasiva de la efectiva y constatable influencia positiva sobre las almas de su rebaño. Este cuestionamiento no es solo pasible de ser efectuado sobre el cine de Ortega sino sobre el cine en general.
Y esta primera apariencia de generosidad se contradice con la pobreza estética y la hechura lamentable de estos filmes, ya que es en el mérito y la consideración de la capacidad del público como ente inteligente donde se integra el acto de entrega y dedicación más que en las declaraciones de buen corazón que abundan en los diálogos de los personajes.

La relación entre el cine y su contexto de producción

Como vemos, ¡Qué linda es mi familia! es un film apremiado por las circunstancias, concretamente pensado en relación al contexto histórico social en el que será exhibido. Algunas de las canciones, son indicios de la marcación ideológica de la película en general, poniendo en evidencia para quién y contra quién, y para qué sociedad está hecha. Como veremos a continuación, “Palito” es un cantante político que disimula su discurso conservador en canciones ilusoriamente triviales.
Casi todos los temas de sus películas como director, contienen una fuerte carga ideológica que sorprende por su frontalidad expresiva. Ejemplo de esta tendencia es la letra de una de las canciones que interpreta en la película.
Vamos a transcribirla, porque realmente no tiene desperdicio. La misma dice:

Quién te dijo,

que no creas más en nada, que no queda gente honrada.

Quién te dijo,

que el amor es un invento, que en la vida es todo cuento.

Quién te dijo,

que a un amigo verdadero se lo compra con dinero, no es verdad.

No te dejes arrastrar al carnaval donde juega el inmoral su partida.

Ya verás que siempre el amor y la verdad llegan más allá que la mentira.

Quién te dijo,

que no sirve ser decente, que es igual toda la gente.

Quién te dijo,

que es hoy  todo mentira, que no hay Dios en esta vida.

No te dejes arrastrar al carnaval donde juega el inmoral su partida

Ya verás que siempre el amor y la verdad llegan más allá que la mentira.

¿A quién, de quién y de qué está hablando?

Desde la primera estrofa notamos que es muy sugestiva la insistencia con la cual se repite la frase “¿quién te dijo?”, que se mantendrá como leit motiv a lo largo de toda la canción y que enunciada una vez es inocente, pero que al ser repetida todo el tiempo, nos hace pensar que lo que está haciendo, más que dialogar con alguien, es tratar de obligarlo a que confiese algo. “¿Quién le dijo esto, quién te dijo eso, quién te dijo aquello?” como si a ese a quien se dirige se lo estuviese “apretando” para que confiese lo que no quiere contar.
Por eso podemos preguntarnos: ¿quiénes son esos que “están diciendo cosas y convenciendo a los jóvenes? ¿Quiénes son esos que operan en las sombras, confundiendo a los jóvenes aún inmaduros? La canción no brinda la respuesta a esa pregunta y ese fantasma social al que hace referencia la letra, aunque todos sabemos a quienes esta nombrando, permanece en las sombras con una identidad borrosa.
En el estribillo hay otro verso excepcional: “No te dejes arrastrar al carnaval donde juega el inmoral su partida”.
¿A qué se refiere con “carnaval”, a quienes llama “inmorales”?, ¿Son esos mismos que están diciendo cosas? Probablemente, se refiera con “carnaval”, instalando una fantástica metáfora, a la situación política desatada por el accionar de los grupos armados desde principio de los setenta en el país. Por lo tanto, los inmorales son todos aquellos que han participado de los movimientos militarizados y que han visto crecer la adhesión de los jóvenes militantes.
Sin duda, esta canción resume el tono y el lugar hacia el cual “Palito” está dirigiendo su discurso, delimitando un conflicto político, estigmatizando a sus enemigos y peleándole mano a mano a estos, la conciencia de aquellos a los que ese fantasma oscuro e innominado quiere seducir.

El cine en los tiempos de cólera

A partir de este trágico diagnóstico de la realidad nacional, ¿con qué armas “Palito” decide luchar contra el torbellino de inmoralidad y descreimiento de la actualidad?
El esfuerzo mayor de Ortega se centra en la recuperación del rol social de la familia, otorgándole un papel central a la figura patriarcal. Sin embargo, el personaje encarnado por Sandrini, está más cerca de los padres rectos pero comprensivos que ha dado el cine argentino, que de los padres que alguna vez la Argentina tuvo (según la mirada nostálgica de Ortega).
El Pater familias evocado repetidamente por el cine argentino encarna una figura tutelar ideal, compuesta con los valores de una moral inequívoca, apoyada en un carácter firme y justo. Por eso en el caos actual, “Palito” pide volver a esas figuras, elevándolas como estandartes de una Argentina que alguna vez fue realmente o que el recuerdo cree que existió.
Así como el padre se instituye como el valor hegemónico y ejemplar sin fisuras, la madre es beatificada como el alma dulce del hogar, responso amoroso donde todos encuentran cariño y comprensión.
De esta manera, “Palito” se ubica a sí mismo, con la elección del tema y de los actores protagónicos, al final de una tradición del cine argentino que en esos años se encuentra a punto de desaparecer: la de los filmes de familia, estirpe a la que también pertenecen Los Campanelli, por ejemplo, y eso de “no hay nada más lindo que la familia unida”.
Y si bien esta película de “Palito” se alista en esa línea genérica, su film es la degradación de una de las corrientes estelares y más populares del cine argentino.
Degradación proveniente de la confusión que manifiesta Palito para distinguir entre una película para todo el mundo con la realización de una película sin ningún cuidado y respeto por los valores cinematográficos. Con la excusa de llegar a las capas populares con un film que sea comprensible por la gran mayoría, ¡Qué linda es mi familia! cae en lo más trillado y bajo que el género pueda dar.
Ese público popular y multitudinario al que le habla y de quien espera una respuesta positiva es el mismo que se ve reflejado en la pantalla con sus cosas simples de todos los días. Ese reflejo es la clave de su éxito.
Siguiendo su plan de restauración social, ¡Qué linda es mi familia! escenifica rituales familiares: el almuerzo del domingo con los clásicos ravioles amasados por la abuela o la madre, el brindis familiar como celebración de la unión familia y el amor filial.
En esto el film es bien claro: el relato cierra con un plano general de la mesa, con Sandrini a la cabeza, rodeado por los miembros de su familia, brindando y bendiciendo bajo los acordes de la “Oda a la alegría” que interpreta “Palito” en off, mientras Sandrini como corolario dice: “Vamos a hacer un brindis, porque hoy la familia está de fiesta, gracias a Dios podemos juntarnos todos una vez más alrededor de una mesa. Salud familia.”
La película termina con un mensaje impreso:

“Los soles podrán nacer o morir

pero mientras nuestra breve luz

no se extinga, en la familia

encontraremos la alegría y la belleza

de un eterno amanecer”.

La familia se reafirma como bastión último dentro del cual el hombre puede encontrar el sentido de su vida amenazado por los falsos dioses que quieren apoderarse de su alma distraída.

Epílogo

Para resumir, podríamos agregar acerca de ¡Qué linda es mi familia! (aunque ya el nombre casi lo dice todo) que cierra un ciclo de filmes conceptual y artísticamente conservadores; estéticamente no sólo restringidos sino también primitivos, aún miserables en virtud de su falta de ambición y confianza a la hora de darle lo mejor al público.
En ellos, la necesidad urgente de afirmar los valores establecidos pero olvidados es tan evidente que convierte a estas películas en intervenciones políticas de primera magnitud aún cuando la calidad de los filmes sea lamentable.

 

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