Bolivia: la tragedia de ser extranjero

ANÁLISIS DEL FILM DE ADRIÁN CAETANO

Bolivia: la tragedia de ser extranjero

Por Fernando Perales

Introducción

Una de las cuestiones más abordadas y discutidas en los últimos años dentro del ámbito de la crítica del cine argentino es la tendencia de la nueva generación de cineastas a retratar temas sociales referidos a la pobreza, la marginalidad o sencillamente a la vida cotidiana en su más simple intrascendencia.
Las críticas de manera genérica piden que se abandonen “los retratos de vidas marginales hechos de manera descuidada y desprolija”. La objeción en este sentido tiene dos caras, por un lado, una vinculada al tema y, por otro, a la estética. Es decir que son criticados tanto los asuntos tratados como la capacidad artística de los jóvenes directores para abordarlos.
Respecto de esta última objeción parecería que es más fácil hacer películas realistas, utilizando la cámara en mano y recurriendo a formas de dialogar completamente pegadas al habla común y corriente para dar una fuerte impresión de veracidad.
Es obvio que no se trata de agarrar la cámara y filmar todo lo que sucede frente a ella. La concreción de un film de tono realista se basa en una serie de códigos de representación tan convencionales como los del más puro cine de ficción. La crítica a las cualidades de la realización, entonces, es válida. Pero la que cuestiona el tema, no.
¿Por qué quitarle espacio fílmico a las corrientes de este nuevo “neorrealismo argentino”, como también se lo ha definido? ¿Por qué negar la voluntad de distintos directores de acercarse a la representación de la pobreza y la marginalidad en un país en el cual ambas han crecido desmesuradamente durante los años ‘90? ¿Qué hay detrás de esta impugnación de los testimonios de los lados más dolorosos de nuestro presente? ¿Por qué este no-querer-ver, por qué este ‘no-queremos-ver-esto-de-vuelta’?
¿No es acaso el cine costumbrista, tan repetido en el cine argentino, una de sus tendencias principales? Aún el que apela a la estética del grotesco, con su elaborada exageración de los rasgos esenciales de figuras sociales arquetípicas, es un cine que intenta representar la verdad de una determinada condición social o humana o histórica.
Esta corriente ha creado filmes excepcionales, algunos de los cuales con el correr de los años irán creciendo en su estatura artística, quedando como muestras sobresalientes de este período de la historia de nuestro cine. Uno de estos casos es Bolivia de Israel Adrián Caetano.

Una historia sencilla

Filmada en 16mm y no en 35mm, como las películas usuales, debido al alto costo de este tipo de celuloide, y en blanco y negro, Bolivia es una película chica pero a la vez muy grande.
La historia es simple. Nos presenta un bar común y corriente, más bien de esos que vienen sobreviviendo a las crisis hace tiempo y que no han sido alcanzados por las modernizaciones de los noventa. Su dueño, Enrique, personificado por Enrique Liporace, tiene dos empleados, el parrillero boliviano Freddy y la mesera paraguaya Rosa, quienes lidian todos los días con los clientes habituales del negocio: el Oso, que no se sabe bien a qué se dedica, pero que siempre se muestra acosado por insalvables deudas de dinero, entre ellas la cuenta de cien pesos que le debe a Enrique; un par de taxistas, uno de ellos amigo y compinche del Oso y otro, que parece que es amante de un homosexual que suele parar en el bar, y al cual Enrique no le da trabajo justamente por su orientación sexual.
Bolivia
no cuenta más que los hechos cotidianos de un bar que está atendido por un boliviano y una paraguaya en el centro de la Capital Federal: la expulsión de un borracho que arremete con insultos contra Freddy cuando este le pide amablemente que se retire del establecimiento; el Oso que le exige al boliviano que lo sirva como a un duque cuando le pide un choripán, ya que él es argentino y Freddy, boliviano; la creciente fraternidad entre Rosa y Freddy, quienes terminan acostándose juntos cuando van a bailar a un boliche de la comunidad boliviana; y finalmente el asesinato injusto e inesperado de Freddy.
Su muerte tiene lugar luego de una discusión entre Enrique y el Oso, quien cebado por su borrachera empieza a discutir con Enrique por la deuda que tiene. Rápidamente las cosas pasan de los insultos a los golpes, hasta que Freddy sale a defender a Enrique, y golpeando al Oso, le rompe la nariz. El taxista retira a su amigo el Oso del bar, lo sube al auto y cuando están arrancando y pasando frente al bar, el Oso saca un revolver de la guantera del vehículo y le pega un tiro a Freddy, que se muere en la puerta del bar.

Pequeña gran película

Es la mirada hacia las pequeñas cosas la que motiva a Bolivia, que se nutre de un conjunto de hechos sociales que por no ser espectaculares, poco a poco han venido siendo dejados de lado en el cine. Es el componente de entretenimiento que tiene una película -tan necesario para su funcionamiento comercial- el que separa a las historias cinematográficas de las que no lo son.
Caetano sabe claramente qué quiere decir y cómo; por estas razones, Boliviaes una película donde nada de lo que se está contando sobra y todo lo que aparece en ella es funcional respecto de la idea temática y conceptual de la obra.
Lo que impacta es la claridad conceptual de Caetano, que sabe específicamente para qué se acerca a mirar ese micro universo lleno de tensiones y odios. Su estilo austero y sumamente económico deriva de la lucidez conceptual a partir de la cual construye su historia: la elección de los instantes y las situaciones, la marcación de los conflictos exactos para contar su historia y proponer un punto de vista sobre el tema de la discriminación de los inmigrantes bolivianos y paraguayos, son las premisas que definen a Bolivia como una gran y perdurable película.
En todo el cine realista siempre hay un desengaño: el espectador siempre siente que la obra se ha hecho filmando de corrido todo lo que sucede, por ejemplo en este caso, en un bar, y que luego se ha escogido lo más interesante. En realidad -y como toda película- las realistas son, también, consecuencia de un trabajo de elaboración y preparación que lleva mucho tiempo y sacrificio personal y grupal.
Sin embargo, Bolivia parece -debido a la imparcialidad y la frialdad de su puesta en escena- haber sido hecha sin nadie detrás de ella, sin que nadie haya ido creándola, como si solamente se hubiera ido a un bar y filmado lo que pasaba allí, sin intervención de un director de cine.
Este es el gran truco del cine realista de más alto valor artístico. Generar la sensación de estar capturando la realidad y sus hechos allí mismo, cuando suceden, cuando en realidad todo es producto del conocimiento, dominio y aplicación de los códigos y normas que hacen a la concreción de una representación casi documental o realista del tema tratado.

La mirada microscópica

De esta manera podríamos calificar el tipo de observación que reproduce Israel Adrián Caetano en Bolivia, su tercera película. En primer lugar, Caetano mira un bar de mala muerte y en segundo lugar, discierne con ojo clínico entre todo el devenir de eventos que allí suceden; elige y corta con un escalpelo preciso los hechos más simples y banales y los reordena dentro de un conjunto que finalmente le otorga un sentido; a la mirada del espectador, todo queda presentado con un sentido específico, cuando la observación distendida no conseguiría ver allí más que hechos y circunstancias aisladas e independientes entre sí.
A través de la lente del hiperconcentrado dramatismo de su historia, se visualiza un apretado nudo de conflictos, odios y resentimientos que tensan las relaciones personales en el micro mundo de ese bar.
Este efecto de microscopio es una de las virtudes del film, ya que explota en todas sus posibilidades la utilización dramática de un ámbito social cerrado para mostrar un conflicto, en este caso trágico, que excede los límites estrictos de ese espacio social. Allí se reproduce a menor escala el sentimiento de xenofobia y desprecio cultural hacia a los inmigrantes de países limítrofes. Demostrando además que no hay que contar la epopeya, el gran relato poblado de grandes peripecias para producir una idea o una
reflexión interesante.

“La vida es en colores pero representada en blanco y negro es mucho más realista”

Esta frase del director americano Samuel Fuller pinta claramente el valor estético que implica en una película la elección del color del celuloide sobre el cual se van a registrar las imágenes. En el caso de Bolivia, el blanco y negro se hace consustancial con la representación del tema elegido, el ambiente de miseria anímica que muestra la historia, la humildad del bar, la repetida cotidianeidad de la vida del lugar; el clima opresivo que agobia a los personajes se potencia; el color, salvo que se hubiera optado por guardar una línea en la tonalidad del gris, como lo más cercano al blanco y negro, hubiera desvirtuado el cuadro de la representación.

Anatomía sociológica

Cercana a la verosimilitud de un documental, Bolivia es producto de una mirada antropológica o sociológica. Su objeto es hacer visible el problema de la discriminación cultural, cuya complejidad incluye tanto abusos laborales y sexuales, como lecturas erróneas sobre el supuesto trabajo argentino del que se apropiarían los inmigrantes. Es finalmente el rencor que genera esta falsa idea, la que termina siendo la causa del asesinato del parrillero Freddy, para quien Argentina era algo así como una tierra de esperanza.

La tragedia de ser extranjero

Bolivia demuestra cómo la discriminación envenena a las personas y las impulsa a cometer actos atroces en virtud de una ideología que deforma la verdadera apariencia del mundo social y condena al desprecio a aquellos cuya única voluntad es procurar para sus vidas la dignidad del trabajo diario.
Simple y profunda, aguda y austera, Bolivia generó la intuición de que su director Adrián Caetano comenzaba a ser una de las figuras más sólidas y maduras dentro del panorama del cine argentino. Un oso rojo, su película siguiente, sería la confirmación.

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Ficha técnica

Fecha de estreno: 11 de abril de 2002
Dirección: Israel Adrián Caetano
Guión: Israel Adrián Caetano sobre un cuento de Romina Lafranchini
Sinopsis:
Freddy es un boliviano que se va a vivir a Buenos Aires y consigue trabajo
como parrillero en un bar de San Cristóbal. Allí conocerá a Rosa, inmigrante
paraguaya, y sufrirá la xenofobia de los porteños.
Intérpretes:
Freddy Flores …Freddy
Rosa Sánchez …Rosa
Oscar Bertea …Oso
Enrique Liporace …Enrique
Marcelo Videla …Marcelo
Héctor Anglada …Héctor
Alberto Mercado …Mercado
Equipo Técnico:
Producción: Israel Adrián Caetano
Producción ejecutiva: Matías Mosteirin
Productor asociado: Lita Stantic
Asistente de Dirección: María Eva Zanada
Fotografía: Julián Apezteguia
Cámara: Julián Apezteguia
Música: Los Kjarkas
Postproducción de sonido: Martín García Blaya
Sonido: Diego Arancibia
Sonido directo: Juan Pablo Melibovsky y Luciano Specos
Mezcla de sonido: Marcos de Aguirre
Dirección de arte: María Eva Duarte (II)
Vestuario: María Eva Duarte (II)
Montaje: Lucas Scavino y Santiago Ricci

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4 pensamientos en “Bolivia: la tragedia de ser extranjero

    • hola clara

      gracias por tu comentario. la verdad que no me acuerdo cuando lo escribi, pero tal vez sea de 2005, creo. los textos son de esa epoca y anteriores aun.

      gracias por la lectura.
      saludos
      fernando

  1. Muy buen analisis del films, hiciste otros referidos al cine argentino, estoy trabajando en mi tesis de la facultad, y los temas que trabajo son, cine argentino post crisis del 2001, hago un analisis sobre el cine argentino a partir de la crisis, y como este utiliza como recurso para contar sus historias. Como referencia, ahondo mas en peliculas como Cama Adentro, y Las mantenidas sin sueños. Las viste, que opinion tenes de ellas? un saludo grande.

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