El ciudadano perfecto en una sociedad ideal

TARZAN

El ciudadano perfecto en una sociedad ideal

Por Fernando Perales

Una misma historia, una misma ética

Como hemos dicho en un trabajo anterior de esta misma sección, detrás de estas fábulas pobladas de personajes nobles y simpáticos, en los films de animación del estudio Disney existe desde siempre una fuerte voluntad normativa, derivada del código de censura Hays, materializada en relatos en los que se afirman y se remarcan los valores que deben prevalecer en una comunidad.
Por eso, repetimos que a pesar de su apariencia inocente y trivial, son films políticos que inician la educación cívica de los infantes americanos, que deberán seguir anhelando moldear sus vidas según personajes ideales, nobles y virtuosos tal como los que aparecen en las películas, aunque nunca lleguen a lograrlo.
Transpuesta a diferentes latitudes, épocas o contextos sociales, tiene un trasfondo siempre idéntico. Aquí, se retoma la leyenda de Tarzan para tematizar la cuestión de la ética social, con un simpático grupo de gorilas bonachones, que refleja los problemas sociales propios de los seres humanos, como por ejemplo la aceptación de los diferentes o el temor que esos otros pueden despertar en nosotros.

El imposible abrazo fraternal entre monos y hombres

El relato se inicia sobre los títulos del film, contándonos sobre un barco que -atacado por una tormenta nocturna- naufraga cerca del continente, quedando como únicos sobrevivientes de la nave una familia con su pequeño bebé.
Ya en tierra firme, logran rehacer sus vidas, construyendo una choza en un árbol. Pero como en Disney la felicidad nunca es completa, un día cualquiera un tigre asesina a los padres del niño.
El pequeño quedará huérfano, perdido y solo en medio de la selva. He aquí el comienzo, de otro relato de orfandad y exilio; personajes que pierden todo, como en Dinosaurio y en otras tantas películas, y que encuentran un nuevo mundo familiar y social en comunidades extrañas que al mismo tiempo que los integran en su seno, les hacen experimentar en algún momento que la cercanía que impone la consanguinidad de sus miembros, los excluye de ese círculo de amor filial, para hacerles recordar que siguen siendo extranjeros.
El pequeño Tarzán será recogido por una gorila de generoso corazón maternal que lo salvará de las garras del mismo tigre que mató a sus padres.
En brazos de su salvadora, el niño se integrará en el clan de los gorilas y aunque el jefe del clan vea con ojos sospechosos a esa extraña criatura sin pelos, su mujer acabará por convertirlo en su hijo adoptivo.
Este rechazo del otro “que no se parece a mí y me genera temor solo por su extrañeza”, se repite en varias ocasiones a lo largo de la historia, convirtiéndose en uno de los ejes centrales del film, como derivación de la cuestión del clan y del sentimiento de pertenencia que el mismo genera sobre sus integrantes, quienes viven el clan como núcleo social que agrupa a los iguales y los distingue, separa y protege de los diferentes.
Sin embargo, los años pasan y el niño crece dentro del grupo, como si fuera uno más; adquiere sus costumbres, su andar, su lenguaje, sus códigos de respeto, mezclándose con los más jóvenes del clan, quienes pasan a ser sus hermanos.
Muy rápidamente, el niño se convierte en el joven, maduro y pelilargo Tarzan, al cual vemos trepando árboles como si fuera un verdadero mono y comportándose como un hermano mayor para los primates más pequeños y torpes, salvándolos de los leones y otras amenazas, luchando a brazo partido con las fieras hasta vencerlas. Este es el noble Tarzan, fuerte y valiente, capaz del mayor sacrificio para dar todo por los que ama.
Además de su eficacia comunicativa como medio para impartir valores humanos y éticos a la capa más joven del público infantil americano, los films de Disney se distinguen por la calidad de sus guiones, siempre muy bien construidos, no solo porque saben exactamente a donde apuntan ideológicamente, sino también por el dominio de la técnica cinematográfica de expresión de la personalidad de sus personajes, condición fundamental para comprender quiénes se encuentran del lado del bien y quiénes del lado del mal.
Como en todo buen film, son las acciones de los personajes las que deben transmitir el carácter de los mismos y no las palabras de algún otro personaje que dice “fulano es una buena persona, es capaz de dar todo por los demás”. En cine, la bondad, la generosidad de alguien se muestra en acciones y no en palabras. Aquí, con muy pocas pinceladas, con dos o tres breves escenas, nos muestran en qué clase de sujeto cívico se ha convertido Tarzan: abnegado, bueno, sacrificado, etc.. Todo presentado de la manera más sencilla y eficaz para que cualquier niño pueda comprenderlo sin dificultad.

La infaltable tragedia

Pero como es habitual en los films de Disney, ese mundo feliz y armónico, pero amenazado por la inminencia de una tragedia inesperada, será quebrado imprevistamente por el estampido de una descarga de escopeta, sonido desconocido para los gorilas y que anticipa la llegada del terror de los extraños.
Y los tiros traen a un viejo investigador interesado en el estudio de los monos, hombre bien intencionado, exento de maldad, acompañado por su hija Jane, joven y bella, ambos guiados y protegidos en medio de la selva por el impiadoso y cruel cazador Clayton, a quien solo obsesiona encontrar a los gorilas y apresarlos o en su defecto asesinarlos.
Al encontrarse con ellos, se produce un choque cultural tras el cual el inocente corazón Tarzan, mitad mono, mitad hombre, reacciona a los impulsos de la pasión amorosa que despierta Jane, en su alma de bestia lampiña.
Pero el amor interracial encontrará sus límites; el jefe de los primates, Kerchack desaprobará en medio de una reunión legislativa del clan, la relación de Tarzan con Jane por considerarla peligrosa para el resto de la familia. Tarzan -en un acto de rebeldía contra su líder- le recriminará “temerle a los diferentes”, argumentando a continuación que debe tolerar a los que no son como uno.
Tarzan se verá obligado a optar por su familia y su seguridad o el amor humano de la joven inglesa; finalmente escuchará a su lado de hombre y renunciará a su familia adoptiva sin saber que la unión con Jane traerá el peligro a sus hermanos.

El dilema ético de Tarzán

El dilema ético de Tarzán es el conflicto más interesante de la película: seguir los impulsos de su corazón o respetar los principios de sociabilidad del clan de gorilas, dentro del cual él ha sido educado. Tarzan se ve obligado a elegir entre el bienestar y la seguridad de los suyos, de su comunidad y la satisfacción de sus aspiraciones individuales como ser humano.
Sin embargo, la decisión de quedarse con Jane y por ende con los seres civilizados, no solamente apunta a cumplir sus deseos sino que supera esa barrera individual para intentar la reconciliación y la unión de los que son diferentes. Tarzan pide la mutua comprensión por parte de ambos lados.
Pero Kerchack ve ese acto como una traición con mayúsculas, ya que luego de optar por Jane, el terrible Clayton se lanzará no solo a la caza de los gorilas sino que también encarcelará al mismísimo Tarzán para llevarlo a Inglaterra como bestia y fenómeno de feria.
Suele suceder en las historias del cine americano que, quien se va como traidor vuelve como héroe para resarcirse de su error demostrando que se es capaz de dar todo nuevamente por aquellos a quienes se ha traicionado. Y así lo hace Tarzan; liberado de las rejas volverá a tierra a luchar contra Clayton, quien acaba de matar al jefe de los gorilas. Kerchack será asesinado por el cazador, quien durante la batalla final con Tarzan, caerá al vacío desde las alturas.
El deceso de este personaje es muy significativo y representa cabalmente el modo en que se imparte justicia en los films de Disney: Clayton morirá víctima de su propia ambición, no arrojado por Tarzan, y su muerte, según el cuadro de reparto de premios y castigos que presenta el film, es justa, ya que era un hombre malo, de malas intenciones. En cambio, la muerte de Kerchack será injusta, ya que a pesar de haber sido un gobernante estricto, era un gorila bueno.

El final de la historia

“Siempre formaste parte de nosotros, ahora dependerán de ti, mi hijo” con estas palabras se despide el viejo gorila Kerchack de Tarzan, legándole a su hijo adoptivo el liderazgo del clan. Tarzan se convertirá en el nuevo rey de la selva, para cuidar y proteger a los suyos y a Jane que ha decidido quedarse a su lado, olvidándose de su Inglaterra natal.
Aunque esta película de Disney es menor respecto de otros films de la productora, el mensaje sigue siendo potente y directo, poniendo en el centro de su discurso la pertenencia a un grupo social y el respeto que debe guardarse a las leyes que rigen a esa comunidad, considerándose “traidor” a todo aquel que en cumplimiento de sus deseos personales, pasa por encima de ellas y pone en peligro el bien comunitario.
Quizás el sentido de este mensaje pueda comprenderse mejor recordando que Walt Disney, fue uno de los que denunció a los supuestos comunistas del mundo del cine frente al Comité de Actividades Antinorteamericanas, en la época de la caza de brujas. Probablemente todos ellos, según los principios de convivencia de esta película estaban traicionando al clan de la patria estadounidense y anticomunista.

 

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