El primer escalón de la educación cívica del cine americano

EL CINE DE WALT DISNEY

El primer escalón de la educación cívica
del cine americano
Una lectura de Dinosaurio

Por Fernando Perales

Censura y normatividad en el cine americano

Casi desde sus comienzos, el cine americano estuvo consciente del poder y la eficacia comunicativa de sus primitivas y breves películas. Así como debía cuidar su contenido, porque podían generar una posible imitación de los malos ejemplos, también descubrió su potencia a la hora de difundir los valores éticos apropiados, para solidificar los cimientos morales de una sociedad surgida del mundo del puritanismo religioso.
Como corolario de esta tendencia a cuidar los mensajes cinematográficos, se llegó ya en los años veinte, a la redacción de un código de censura, dictado por los propios magnates de la industria del cine. Este reglamento, conocido como el Código Hays, en honor al jesuita que fue su primer administrador, predicaba que los ideales y fundamentos morales del código de censura debían coincidir con los principios establecidos por el código civil de la Nación.
Rápidamente se delineó una serie de “Prohibidos y tener cuidado”, un listado de temáticas y asuntos difíciles o problemáticos para ser tratados en un medio de comunicación inmensamente masivo.
El Código Hays tuvo vigencia hasta la mitad de la década del sesenta, eliminado poco a poco por las transformaciones culturales de esos años y por la pérdida de hegemonía industrial de los grandes estudios de Hollywood.
A pesar de ello, la impronta normativa del cine americano industrial sobrevivirá hasta la actualidad, con sus claras tendencias pro-policíacas y militaristas, ésta última siempre reflotada en tiempos de guerra para justificar la propia acción y para estigmatizar y condenar los pecados del enemigo.
Gran parte del cine americano es político: muestra un modelo de sociedad posible, además de poner el acento en los valores éticos y morales que deben regir los vínculos interpersonales entre los miembros de un determinado grupo social.

El cine de animación como educación cívica

El film Dinosaurio, producido por los estudios Disney en 2000, nos servirá a los fines de analizar el modo en que el cine contemporáneo sigue mostrando una fuerte marca normativa, educativa y ejemplar aún en las producciones para niños.
Dinosaurio
narra el peregrinaje de una manada de dinosaurios, que tras una apocalíptica caída de meteoritos sobre sus hogares, debe aventurarse a recorrer un interminable desierto en busca de los nidales en los cuales dejar a sus crías.
Frente a tan intrascendente sinopsis, uno puede preguntarse dónde reside el carácter político de esta historia dirigida al público infantil. La revisión de los acontecimientos fundamentales de esta travesía nos va a dar una clara idea de cómo se construyen los mensajes cívicos y evangelizadores en un film de animación.
Esta fábula ética comienza con un plano detalle del cascarón donde se encuentra el aún no-nacido Aladar, tal el nombre de nuestro héroe. El paisaje tiene características paradisíacas, muy similares a las estampitas con las que los Testigos de Jehová nos hacen pensar en una vida en paz y reconciliada; un cielo esplendoroso ampara la feliz convivencia de las diversas especies, hasta que la estampida feroz de un depredador carnívoro obliga a los dinosaurios a abandonar su comarca.
Único sobreviviente de ese ataque, Aladar se alejará a través de diversas circunstancias de su familia, siendo la más significativa de ellas, la de caer a un río y ser transportado aguas abajo, para finalizar su recorrido en un bosque poblado de monos quienes lo criarán como hijo adoptivo. No es insensato pensar en la figura de Moisés, menos creer que la coincidencia no es una casualidad. El desarrollo de la historia y el hecho de que sea finalmente Aladar quien guíe a su pueblo, a través de un desierto lleno de dificultades, hacia la tierra prometida, refuerzan esta hipótesis.

Sufrimiento e identificación: la experiencia del exilio

Uno de los recursos dramáticos, más eficaces y potentes que tiene el cine de animación de Disney para asegurarse el éxito de sus filmes, es la constante apelación a experiencias traumáticas universales, para provocar la identificación emotiva de los espectadores con los personajes de la historia.
En este caso, los primeros golpes bajos del film se consiguen provocando la identificación del espectador con la experiencia del exilio o del desarraigo atravesada por los protagonistas de la película.
La segunda gran secuencia del film nos presenta a Aladar ya convertido en un gigantesco dinosaurio que convive felizmente con los monos.
En las escenas que siguen se expone, de dos maneras terribles, la experiencia del desarraigo. Vemos que el clan de monos dentro del cual vive, se prepara para el cortejo sexual de machos y hembras. De un lado a otro de los árboles, los monitos vuelan seduciendo a las hembras. Todos encontrarán pareja. Salvo el mono que juega el papel del tonto del clan y, por supuesto, Aladar. El relato se encarga de marcar la tristeza que le provoca al joven dinosaurio reconocer que se encuentra absolutamente solo en un mundo ajeno, al contemplar la felicidad de los otros que han encontrado una compañera.
Aladar representa al exiliado en una tierra extraña, que a pesar de haberlo acogido sin diferencias, de una u otra manera le recuerda su origen extranjero.
La ecuación sobre la cual se basa la operación de identificación en estos casos dice que, cuanto mayor es la debilidad y la desgracia que sufre el personaje, mayor será el favor afectivo del público.
La segunda forma bajo la cual se presenta esta experiencia es a través de la pérdida total del hogar y de la familia. Es ley dentro del devenir narrativo de los relatos de Disney, la dialéctica entre momentos de felicidad que son interrumpidos violentamente por acontecimientos trágicos que destruyen la felicidad experimentada por los personajes. Dinosaurio no es la excepción.
La alegría provocada por el reciente cortejo sexual, va ser abruptamente cortado por una apocalíptica lluvia de meteoritos que destruirá completamente el hogar de los pequeños primates, los cuales gracias a la ayuda de Aladar podrán salvarse arrojándose al mar, para emerger en una nueva tierra, desconocida e inhospitalaria.
Este alejamiento, (los relatos de Disney pueden analizarse también bajo la óptica de los esquemas de análisis de los cuentos populares) es uno de los motores del relato.
El modelo de la tragedia inicial, que obligó a Aladar a dejar su tierra, se repite aquí nuevamente. Un segundo exilio y la búsqueda de un nuevo hogar serán los hechos que movilizaran el relato hacia delante. Aquí la experiencia del desarraigo será puesta en escena a través de la mirada desconsolada del más pequeño de los monos, que al contemplar la tierra baldía que surge de las llamas que todo lo consumen, llora desconsoladamente.
La eficacia dramática de esta escena se basa en el hecho de que no hay nadie que no haya pasado por la experiencia de ser olvidado o despreciado o sentido el dolor de ser abandonado. Guerras, atentados, inundaciones, tragedias familiares pueden servir de disparador para la identificación con la pasión de los personajes. Vemos cómo la respuesta emocional que el film busca en el espectador puede hallar eco en sujetos pertenecientes a las más diferentes culturas; es, como dijimos anteriormente, apelando a esas experiencias universales de pérdida y desarraigo que el cine de Disney se asegura una irresistible aceptación masiva y una comunicatividad casi universal.

La Ética comunitaria: la solidaridad

Una vez a salvo de los meteoritos, Aladar y los suyos comienzan a recorrer una tierra desconocida hasta que se cruzan con una larga columna de dinosaurios, que vagan perdidos al igual que ellos. Se unirán a la parte final de la manada, donde se encuentran los dinosaurios más viejos y pesados, que son aquellos que no pueden seguir el paso rápido de los más jóvenes.
Para ponerse a salvo del acecho de los depredadores carnívoros, Kronk, guía y líder tiránico, ordenará seguir adelante sin descanso por varias horas, sin importarle quiénes se queden en el camino y quiénes sigan adelante.
El novato Aladar se rebelará y enfrentará al líder, manifestándole que lo que hace es inhumano y que debe esperar a los débiles y protegerlos. El tirano no escuchará el pedido de Aladar y seguirá adelante sin que nada le importe.
Este es el primer dilema ético del film. ¿Debo solidarizarme y ayudar a los más débiles o debo dejarlos librados a su suerte? ¿Debo exponer mi propia integridad física para proteger a mi prójimo o debo preocuparme solo por mi bienestar? Aladar debe decidir entre el evangelio de la supervivencia del más apto o la solidaridad con aquellos que lo necesitan. Es en el juego mismo de las acciones y los comportamientos de los personajes donde se plantea el problema de la ética comunitaria o de la solidaridad social en Dinosaurio.
Aladar, como es bueno, se sacrificará por sus prójimos y permanecerá junto a ellos, corriendo cualquier clase de peligro, como veremos más adelante.
La agotadora peregrinación seguirá impasiblemente un rumbo intuitivo hacia los nidales, mientras la necesidad de agua se hará cada vez más vital. Kronk le ordenará a su ayudante Bruton, que salga en busca de algún manantial. En esa recorrida será atacado por carnotauros, los cuales siguiendo la huella del herido, se acercaran peligrosamente a la manada.
Molesto por su torpeza, será el propio Kronk quién abandonará a Bruton y lo dejará de carnada para los depredadores. La manada se pondrá nuevamente en marcha, y atrás quedará Aladar protegiendo a las mujeres del grupo mientras todo el resto huye corriendo de la amenaza representada por los predadores.
La segunda gran lección se dará cuando Aladar, habiendo sido dejado atrás por el grueso del grupo, encuentre al moribundo Bruton en un cañón rocoso, inmóvil y a merced de sus depredadores. El joven se acercará al malvado dinosaurio y le ofrecerá su ayuda. Entre gemidos agónicos, el gigante herido le responderá que deje la compasión para otros. Esta es la segunda lección: ‘debo ayudar al prójimo, aún a aquellos que algunas vez me hayan ofendido o maltratado’. Esto es lo que demuestra Aladar. Debo sacrificarme sin condiciones, sin odios ni rencores.
La escena transcurre en una noche de lluvia y Aladar y sus protegidas han encontrado reparo en una oscura cueva. En medio de la tormenta, los predadores comenzarán a acecharlos. Aladar y Bruton agonizando, enfrentarán a los carnívoros y defenderán al grupo. Un derrumbe provocará la muerte de los depredadores y la de Bruton.
A pesar del último acto heroico, de aquél que durante su vida fue un dinosaurio que no conoció solidaridad ni compasión hacia los más débiles, la muerte será su castigo. En esa función de ‘día del juicio final’ que tendrá el fin del relato, sólo los dinosaurios malos pagarán sus pecados con la muerte, mientras que los que han actuado justamente llegarán a los nidales y hallarán la felicidad.

El pueblo unido jamás será vencido

Como el derrumbe ha cerrado la boca de la cueva, Aladar y sus compañeros se hallan encerrados irremediablemente en la asfixiante oscuridad de la caverna.
Es en la búsqueda de una salida hacia el exterior, y como corolario de todas sus buenas acciones, que Aladar sacrificándose nuevamente por los suyos, luchará poniendo en peligro su vida para correr las rocas, detrás de las cuales se encuentra la tierra prometida.
Saldrán a luz y un paisaje de deslumbrante belleza les dará la bienvenida. Aladar regresará en busca de la manada, que bajo el caprichoso dominio de Kronk se encuentra a punto de escalar una elevada montaña de rocas, de la cual no muchos sobrevivirán. Eso no importa según la visión del gobierno de Kronk: se debe hacer lo que dice el tirano y nada más.
Aladar enfrentará nuevamente al dictador, demostrándole que la salida hacia los nidales se encuentra por otro lado. Pero a la entrada de ese camino de salvación se halla bloqueado por un depredador. Kronk lo advierte y pone a la manada entre la espada y la pared, que debe elegir entre Aladar o la infranqueable montaña. En una muestra más de un alma entregada a cualquier sacrificio para sus hermanos, Aladar se pondrá frente a frente con el carnívoro, aún a riesgo de morir en el enfrentamiento. Pero en una escena del más explícito, directo y panfletario cine político, de pronto, la manada que siempre huyó de sus sangrientos opresores se encolumna detrás de su nuevo líder y desafía al depredador que lentamente, ante la imponente exhibición de poder y valor del grupo se hace a un lado. Un pueblo unido jamás será vencido.
Cuando la manada pase, el carnívoro volverá a sus andadas y atacará a Kronk, en otro acto de ius natural. El sacrificado Aladar regresará en ayuda de Kronk pero finalmente el viejo líder caerá a un precipicio junto a su asesino. Como dijimos, en esta fábula ética y política sólo los que han actuado injustamente a lo largo de sus vidas tienen castigo, los pobres de espíritu, los oprimidos y los justos hallarán la felicidad terrenal y vivirán felices en un paraíso hecho a la medida de sus sueños.

 

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