La sexualidad bajo el microscopio

LA NIÑA SANTA, DE LUCRECIA MARTEL

La sexualidad bajo el microscopio

Por Fernando Perales

“El organismo humano no sabe distinguir qué es bueno y qué es malo, porque lo bueno y lo malo son instancias jurídicas que no pertenecen a la instancia del organismo.” Esta frase de Lucrecia Martel, la directora argentina de La niña santa, podría funcionar como la clave para interpretar su segunda película.
En ella se muestra la tensión irreductible entre los impulsos eróticos del cuerpo y las normas de comportamiento sexual de una comunidad. Y este es un relato de cuerpos que todo el tiempo desbordan y sobrepasan los límites de esa ley. En definitiva, cuerpos en confrontación con las prescripciones que rigen la práctica del sexo bajo la forma de un contrato entre partes.
La película cuenta la historia de dos adolescentes Amalia (María Alche) y Josefina (Julieta Zylberberg) que asisten a una escuela religiosa, en la cual reciben una fuerte educación religiosa que va sembrando en ellas dudas tales “como ¿cuál es mi tarea en el plan divino? ¿qué tarea me ha de encargar Dios? ¿cómo distinguir el llamado divino y saber que ha llegado el momento de cumplir mi misión?”.
Amalia vive con su madre Helena (Mercedes Moran) y su tío Freddy (Alejandro Urdapilleta) en el hotel Termas de Salta, donde se realiza un congreso de otorrinolaringología. Un día durante una exhibición callejera de un extraño instrumento musical, uno de los médicos, en medio del tumulto de la multitud, la “apoya” sigilosamente. Más adelante descubrirá que ese hombre es el Dr. Jano, uno de los profesionales que asiste al congreso y que conoce a su madre desde la infancia.
Ese encuentro “anormal” despertará en ella una vivencia sexual confusa que mezclada con el misticismo inculcado en su colegio, la llevará a tomar la decisión de perdonar a ese hombre que ha abusado efímeramente de ella.

La forma de la forma

Si bien para algunos puede resultar fascinante el modo en que la película nos va llevando hacia el terreno de su propio misterio, para otros puede llegar a ser incómoda la sensación de incertidumbre que provoca una trama que todo el tiempo se resiste a expresar abiertamente cuáles son los conflictos que sufren los personajes, conflictos que se dibujan de manera velada en las situaciones en las que se ven envueltos a lo largo de la historia. Al igual que en La ciénaga, la película anterior de Martel, tenemos aquí la impresión de que no pasa nada importante, dejando al espectador en una situación de espera constante por algo que realmente nunca llega a suceder. Este sentimiento de frustración llegará a su momento más alto en el final de la película, ya que la misma se cierra abruptamente como si le hubieran quitado el final, dejando varado al espectador sin una instancia que le clarifique o le dé significado a la historia que acaba de ver.
Sin embargo y a pesar de esta estructura esquiva, que por propia decisión nunca expone abiertamente cuáles son las relaciones y conflictos que tienen los personajes, podemos decir que una de las virtudes más sobresalientes de esta nueva película de Lucrecia Martel es el principio de orden y racionalidad que preside la trama, principio que genera un altísimo grado de atención y concentración perceptiva respecto a la continuidad de la historia, obligando al espectador a captar desde el inicio mismo del relato, cada detalle como necesario o insoslayable para la comprensión del tejido del relato. Aunque esto sucede en cualquier film y en cualquier obra de arte en general, que tiende a que cada uno de sus detalles sea esencial o se encuentre en su lugar para cumplir una misión determinada, aquí la concentración impuesta al espectador está exacerbada al límite.
La construcción del relato de La niña santa nos da la idea de que nada está puesto al azar, que pretende la racionalidad absoluta para un sistema narrativo en el que nada queda suelto y cada parte se integra de manera orgánica en un todo perfectamente coordinado.

Personajes confundidos que producen una trama distraída

Una de las características centrales de los protagonistas de La niña santa, es la confusión mental dentro de la cual viven, confusión que se contagia al carácter elíptico y vago de la narración. En primer lugar tenemos a Amalia, que lucha con la nueva sexualidad que le ha despertado el Dr. Jano, que la lleva a responder a los impulsos eróticos de su cuerpo; el Dr. Jano (Carlos Belloso) arrastra con un cargo de conciencia, que se agudiza con el correr de los días y que lo obliga a andar ocultándose y esquivando a las personas.
Por su parte, Helena, madre de Amalia, trata de entender y asumir qué le sucede con el Dr. Jano, dominada por una mezcla de deseo e inhibición, que da como resultado comportamientos tímidos o torpes.
Por esa razón, los personajes no se embarcan en grandes aventuras, sino que ese “no sé qué” que los mortifica se traslada a la presentación de las circunstancias de la historia, generando breves situaciones que no van mucho más allá de sí mismas.
Este sentimiento de incertidumbre se recrea a su vez en el espectador, dejándolo huérfano de comentarios y explicaciones claras. Al no quedar expresada la idea conceptual del film, es el espectador quien la debe reconstruir, ya que no pertenece al orden de la historia hacer explícita su significación. No puede haber un personaje que le explique al espectador de qué se trata el cuento que le están contando. La idea debe surgir de la lectura de las acciones y las situaciones, como parte de un trabajo productivo por parte de quien ha visto la película.

La historia sin fin

Como hemos dicho anteriormente, no se distingue a primera vista qué quiere decir la película o de qué trata, ya que al carecer de un cierre narrativo tradicional, los hechos y las circunstancias de la historia aparecen como faltos de unidad y sentido. Al no tener un desenlace convencional o mucho más visible y fuerte, La niña santa queda sin explicación, como si faltara la pieza sin la cual no se comprende la historia.
El desenlace esperado o lógico (hablamos de una denuncia de la conducta del Dr. Jano que la madre de la amiga de Amalia querrá hacer ante todo el hotel) no es necesario. En primer lugar, porque no pertenece a la línea de progresión dramática del film, que podríamos definir en torno a la relación entre Amalia y el Dr. Jano. La verdadera resolución llega cuando Amalia asimila o soluciona los cambios que ha despertado ese choque erótico con el Dr. Jano y finalmente se acerca a él y lo perdona. Por eso decimos que la película no trata sobre el castigo social o sobre la represalia al Dr. Jano por su práctica sexual desviada, sino que la historia encuentra su desenlace cuando Amalia perdona a Jano diciéndole que es un buen hombre. Este es el círculo narrativo principal. Además, narrativamente, al ser anunciado el futuro escándalo a través del diálogo, pierde sentido mostrarlo porque ya se sabe que efectivamente va ocurrir.

Voces místicas y sexuales

Podemos definir dos ejes principales con los cuales ordenar la estructura de La niña santa: el de la escucha de voces, es el primero de ellos, sobre todo la escucha de la voz divina, cuestión que persiguen las adolescentes del film, las cuales deben aprender a distinguir el llamado del Señor, para darnos nuestra misión en la tierra.
El segundo eje es el sexual, cuyo portador más relevante es el Dr. Jano, quien al cruzarse con la adolescente Amalia y hacerla presa de sus impulsos eróticos, pone en marcha la historia.
En términos generales, los personajes viven atravesados por un cruce de voces: la voz del cuerpo sexuado y la voz de la ley que controla el régimen del intercambio sexual.
Las chicas esperan escuchar la voz de Dios para anunciarles cuál será su misión en esta tierra.
Perciben la voz del cuerpo sexuado, que las llama cumplir sus deseos eróticos.
Jano escucha la voz muda de su sexualidad que lo impulsa a satisfacer sus deseos en la clandestinidad y el anonimato que le da una multitud distraída. Y a su vez presiente la voz de la conciencia y la ley del “sexo correcto”.
Helena, tentada por la voz del deseo de mujer madura, vive confundida y ansiosa la cercanía de Jano sin saber si acercarse a él o no, por ejemplo cuando finalmente se besa con Jano y ella dice esto es una locura, en el sentido de que es algo prohibido o equivocado. Esa conciencia de lo pecaminoso o imprudente, marca claramente la conciencia de una prescripción de lo correcto en el comportamiento sexual.
La importancia de estos dos ejes queda expuesta cuando vemos que todos los personajes están atravesados por ellos y que de alguna manera todos escuchan voces y viven de modo heterogéneo la cuestión sexual.
Es más, la película muestra cómo las prácticas sexuales están cruzadas, marcadas y limitadas por discursos sociales que definen el funcionamiento de la sexualidad en una comunidad, generando un sistema que determina costumbres y usos sexuales correctos y permitidos frente a los usos anormales y prohibidos, que por sobre todo condiciona la vivencia del sexo en cada sujeto que enfrenta y da rienda suelta a sus impulsos corporales.
Construida sobre una aguda mirada analítica, La niña santa puede ser entendida como un cuadro de las costumbres sexuales que despliegan una serie de personajes en un momento dado.
Los momentos más importantes de la película tienen que ver con la manifestación de impulsos sexuales, que hallan distintas vías de canalización: roces intencionales, caricias tímidas, coitos furtivos, etc.. En resumen, todos los personajes importantes de la película mantienen una relación más o menos problemática con el sexo.
Volviendo al caso de Jano, su práctica sexual se encuentra desviada respecto de las prescripciones de la sexualidad normal que tipifica la ley de intercambios sexuales. Luego de pecar, el Dr. Jano vive el resto de su estadía con el remordimiento de saberse abusador. Sabemos qué es lo correcto y qué no, por la ley, por la ley impuesta sobre nosotros. Eso también es una forma de escuchar voces, la voz de la conciencia, la voz de la ley.
Y es por la conciencia de saberse desviado de lo normal, que el sentimiento de culpa crece en Jano hasta llegar al punto de sentir la necesidad de confesarse para poder liberarse de la culpa que siente y cuando se dispone a hacerlo, recibe el perdón de su víctima, quien sobre la base de su concepción religiosa, salvará a ese pecador, que ha caído en las garras de tentaciones sexuales anómalas, como lo es también desde ese punto de vista religioso, el sexo prematrimonial, que practica Josefina.
Por otro lado, tenemos al médico viejo que también asiste al congreso y que la mayor parte del tiempo se la pasa corriendo a las promotoras del evento y que finalmente es castigado por su propia salud, que no tolera los excesos sexuales que ha cometido. También es castigada la promotora, que es echada de su trabajo, por andar con el médico, demostrando que ese tipo de despliegue sexual no es compatible con su trabajo.

La historia con fin

La niña santa no pretende juzgar a sus personajes, solamente los observa atentamente mientras se retuercen culposamente en la jaula invisible de sus concepciones morales y sexuales, sometidos por un cuerpo sexuado que juega con ellos para satisfacer sus caprichos más íntimos y oscuros.

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