‘Palito’, cineasta político

LA FILMOGRAFÍA DE RAMON ORTEGA ENTRE 1976 Y 1980

‘Palito’, cineasta político

Entre risas, las películas que dirigió y protagonizó este símbolo de la cultura popular de los 60 y 70 en la Argentina, constituyeron un foco de propaganda de las fuerzas militares que ocupaban el poder.

Por Fernando Perales

Introducción


Luego de convertirse en una figura emblemática de la música popular argentina de los años sesenta y setenta, respaldado en su imagen de joven provinciano bonachón que -sobre la base del esfuerzo y la suerte, se convierte en estrella- Ramón “Palito” Ortega dejó atrás la actuación a la cual se había dedicado de manera exclusiva en películas anteriores, para financiar, dirigir y protagonizar entre 1976 y 1980 una serie de filmes, que representan la parte más significativa de las producciones de un período nefasto de nuestra cinematografía.
En general, los filmes producidos durante la dictadura que usurpó el poder en aquellos años, salvo pocas excepciones, no vehiculizaban ninguna propaganda explícita del gobierno y sus actos, sino que, más que abocarse a difundir una línea ideológica fuerte, su objetivo era producir películas huecas y vacías, cuya función era más bien no dejar espacio para otro tipo de obras.
No es que le quitaran lugar al cine de disenso político, que obviamente estaba híper-perseguido, sino que impedían que se hicieran aunque sea comedias con un poco de dignidad artística y respeto por el público, porque ni siquiera los filmes cómicos estaban hechos con seriedad.
Pocas veces como en esos años se ha visto tanta desidia y abandono a la hora de producir una película en nuestro cine.
Y el efecto fue múltiple. En primer término, el cine desapareció. El reducido número de producciones de esos años, ínfimo comparado con los índices históricos de décadas anteriores, quitó aún más espacio a los filmes que podríamos llamar serios, que apenas llegaron al 10 por ciento de la producción total en el mejor de los años. Como se dijo, la filmografía de entonces estaba dominada por producciones pasatistas, musicales con cantantes de moda y filmes humorísticos de la más baja calidad artística.
En este panorama desolador, las películas de “Palito” Ortega constituyeron –en primer lugar- un aporte importante del cine para la exaltación y valoración de la actividad policialDos locos en el aireBrigada en acción, estrenadas el 22 de julio de 1976 y el 21 de julio de1977 respectivamente, son los ejemplos más importantes de esta etapa productiva del tucumano.
Pero esas películas no fueron las únicas de “Palito” en el período, sino que también realizó varios “filmes de familia”, en los que la figura paterna encarna los valores de rectitud moral y honorabilidad social, de manera ejemplar. Protagonizados por Luis Sandrini, “Palito” dirigió ¡Qué linda es mi familia! yVivir con alegría, en los que expone una muy firme construcción de valores sociales y éticos, a través de personajes arquetípicos, completamente alejados de la realidad.
Y el tercer aporte a la cultura del período fueron los “filmes turísticos”, películas de itinerario en las que los personajes se van desplazando de un lugar a otro del país, gracias a una trama completamente banal que los empuja con el solo motivo de mostrar y admirar las bellezas naturales de la Argentina. Es el caso deAmigos para la aventura, obra coprotagonizada y coproducida por “Palito” y el campeón mundial de boxeo Carlos Monzón, con Juan Carlos Altavista nuevamente en el elenco.
Si bien el balance de calidad de los filmes del período es reconocido por la crítica como negativo, sí resultan interesantes porque son verdaderos conglomerados de significados de gran peso conceptual para quien desea echar su mirada histórica a la cultura de esos años.

“Palito” policía

En Brigada en acción, “Palito” Ortega es un intrépido agente policial, que encabeza un grupo de tareas junto a Carlos Balá y Alberto Martín, que se encarga de resolver distintos casos delictivos.
Las primeras escenas sientan las bases del programa estético e ideológico de los filmes de Ortega, estableciendo las líneas temáticas y conceptuales que se repetirán en adelante y no sólo en películas de género castrense, sino bajo distintos ropajes. Entre ellas:

–         Exaltación de la labor y los valores humanos de las fuerzas militares.

–         Tipificación de una ética y una moral ejemplar, encarnada por algunos personajes.

–         Planteo frontal de su ideología.

–         Lugar privilegiado de la familia bien constituida con adoración por la madre y respeto hacia la figura del padre como autoridad férrea que no resiste críticas.

–         Repetición de un staff de actores que encarnan de por sí, ciertos valores para el público en general. Sandrini, el padre firme, amable, respetable. Altavista, símbolo del barrio y todos los valores conexos con el mismo.

Es justamente este programa de facto, no escrito pero sí apoyado sobre los hechos, el que le da fuerza, coherencia y solidez política al cine de “Palito” Ortega.

Formas de la propaganda

Entre tiros y persecuciones, el relato va intercalando diversas escenas en las que se presenta de forma abierta y franca una propaganda casi institucional de la Policía Federal, con frases terminantes como “la policía argentina es una de las mejores preparadas del mundo”, dicha textualmente por “Palito”. Sumadas a las apreciaciones de los personajes civiles como los de Altavista y la madre de personaje de “Palito”, en las que se comentan la vocación de servicio de los agentes, quienes “en cualquier momento del día deben entregarse a la defensa del bien común”, forman un cóctel difícil de tolerar.
Y esto no es todo, ya que no falta, al modo de los desfiles militares que supimos padecer en la época, las insoportables sesiones de acrobacia y destreza sobre motocicletas que llevan a cabo los cadetes de la escuela de policía, a la que “Palito” lleva a pasear a “Cepillo”, un niño lustrabotas y huérfano, amigo de los oficiales, para enseñarle las virtudes de nuestras fuerzas de seguridad.

Del calendario institucional a los equívocos narrativos

Brigada en acción no solo se propone exaltar y difundir los valores humanos y profesionales de nuestra policía, sino que su ambición normativa se extiende a otros ámbitos sociales, planteando la reafirmación de algo que podríamos llamar, un “calendario de fechas cívicas insoslayables”, que deben ser siempre recordadas por un buen ciudadano.
Por ejemplo, sobre el inicio del relato, “Cacho”, el personaje de Juan Carlos Altavista, el humilde y bonachón mozo del bar al que los policías suelen ir asiduamente, les recuerda a estos: “Hoy jura la bandera ‘Cepillo’”. Esta es la primera marca; el día de la bandera, fecha ineludible para cualquier alma patriótica.
El personaje de Altavista, además de ser quien hace explícito los discursos favorables hacia la labor policial, con afirmaciones en las que admira el sacrificio y el servicio sin límites que tienen sus amigos uniformados, es el portador de los valores familiares como “el respeto a la vieja”, por ejemplo. Es, por supuesto, quien anuncia e invita a sus amigos a festejar el día de la madre en su casa, festejo en el que no faltará toda la batería de sensiblería y sentimentalismo que la celebración requiere.
Como decíamos, el día de la madre, es la segunda fecha de ese calendario, que ningún hombre de bien debe olvidar.
Y entre estos dos puntos conceptualmente fuertes, ocurre también la primera falla del relato del film, en cuanto a la forma de exponer el paso del tiempo de la historia narrada.
Veamos: el primer caso que resuelven, en el comienzo de la película, se supone que comienza el 20 de junio, el día de la bandera; la escena siguiente ya nos dispone en el mes de octubre, momento en el que Altavista anuncia: “El domingo los espera la vieja para festejar el día de la madre”.
De estos hechos podemos sacar una primera conclusión: si bien la película falla en lo fílmico, en la actuación y en el relato, tiene a favor, (aunque esto no la mejora, sino todo lo contrario) la certeza, la firmeza y la claridad con la cual “Palito” Ortega, como inesperado cineasta político, pone en escena su punto de vista ideológico.

Los buenos, los malos y los sucios:
el perfil de los personajes

Es muy clara además, la caracterización que el propio Ortega hace de su personaje Alberto, el cual está vestido e identificado con los atributos del sacerdote, a saber: como lo dice su abnegada madre y él lo demuestra con los hechos, él solo vive para su trabajo, mientras que a ella le gustaría mucho que trajera una chica a su casa.
Se dibuja en esa idea, la dedicación exclusiva a su misión social, con una convicción que no conoce ni horarios ni relaciones afectivas. Todo se sacrifica por ella.
Su vínculo con las mujeres, también es especial, sobre todo con su compañera de trabajo, la sargento Colombo; cuando el oficial Alberto, hace un comentario sobre el atractivo de su colega, el principal Alberto lo mira con seriedad sin agregar palabra, como si fuera una falta de respeto que se debe evitar. Finalmente, la sargento se casará con el personaje de Alberto Martín.
Para proseguir con los feos y los malos de la historia, estos son mencionados en la canción que suena en off, cuando se anuncia la muerte de unos de los agentes, que, para agravar dramáticamente la afrenta de los delincuentes, en la escena anterior había estado festejando el nacimiento de su primer hijo. En esa canción se habla de aquellos que “perdieron la fe en el amor y en la Justicia y confunden la libertad”.
Es muy interesante el modo en que plantea la presencia de “esos delincuentes”, a quienes no identifica. La apelación es tan amplia, que permite aludir a un grupo indefinible de “criminales”.
Esta potencia explícita del mensaje es atenuada por el tono humorístico del film, que ayuda a diluir un poco el compromiso abierto con las fuerzas castrenses.

“Palito” pedagogo

Brigada en acción se estrenó al igual que se antecesora, Dos locos en el aire, para la fecha de las vacaciones escolares de mitad de año, con lo cual se aseguraban una gran afluencia de público infantil.
A este hecho se suma, como decíamos, que el personaje de “Cepillo” es el destinatario directo de la serie de enseñanzas que destacan los valores de sacrificio, profesionalismo y hombría de bien, que parece representar, la Policía Federal.
La figura del niño es esencial dentro del esquema de significados del film ya que el niño de la ficción, receptor en la pantalla, duplica a los niños fuera de ella y provoca la identificación de los mismos, convirtiéndose a su vez ellos en receptores secundarios del mensaje de propaganda.
“Cepillo”, luego de la recorrida por la escuela de suboficiales Ramón Falcón, dice: “Yo cuando sea grande, quiero ser policía”

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